PREMIADOS CONCURSO CARTAS DE SAN VALENTÍN 2021

 


Como todos los años por estas fechas, el Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES Fernando III se prepara para repartir, no solo simples papeles manuscritos que recorren todas las aulas y pasillos de nuestro instituto, sino algo  más importante... AMISTAD, ILUSIÓN, ALEGRÍA... en definitiva y aunque suene un poco cursi... AMOR... AMOR entendido como todo aquello que nos impulsa a ser mejores y a demostrárselo a las personas que nos rodean. Es la primera vez, en la historia de esta actividad, que todas las previsiones han sido pocas ante el gran aluvión de textos y cartas que se han escrito, tanto para concurso como para decirnos cuánto nos hemos echado de menos, cuánto nos hacemos falta... Quizás sea por las peculiaridades de este último año, quizás porque sencillamente nos estamos dando cuenta de lo que realmente importa...sea como fuere solo podemos daros las GRACIAS. GRACIAS por vuestra ilusión y vuestros textos, porque a través de ellos nos hacéis vivir, recordar, sentir... Y, aunque ha sido una decisión difícil, estamos orgullosas de presentaros  los textos ganadores del concurso de CARTAS DE SAN VALENTÍN 2021:



¿Y ahora qué?

¿Quieres que te explique lo que siento cuando estoy contigo?

Es difícil saber por dónde empezar. Créeme, explicar esta sensación inefable no es sencillo, pero aun así lo intentaré, así que cierra los ojos, confía en mí y envuélvete en mis palabras:


¿Sabes esa sensación que sientes al tomar una recta interminable? Ese sentimiento que nace de dentro de ti, esa pequeña chispa que prende encima de la madera y que tiene la intención de provocar una hoguera tremenda. Cuando empiezas a acelerar poco a poco y cada vez más, y más, y más, hasta que esa sensación que tienes dentro de ti se convierte en tu único salvavidas, hasta que esa sensación es lo único que sientes dentro y fuera de ti mismo. Aun así no sueltas el pedal, y le sigues apretando, aun sabiendo que, al más mínimo fallo, ese sentimiento que te envuelve, puede pasar a ser el gélido viento de la mismísima nada, sabes de sobra que si sueltas el pedal, puedes parar y no arriesgarte a que un fallo tonto te provoque el mayor accidente que puedas llegar a imaginar. Pero no lo haces, esa fina línea que te separa de la muerte, es la que más vivo te hace sentir, es casi una contradicción ¿no? Aun así sigues, y sientes que eres uno con el viento, sientes que tu respiración se acelera y tienes que expulsar todo ese aire que estás tragando en forma de chillidos, en forma de felicidad expresada en onomatopeyas que de normal no serías capaz de representar, pero esto es distinto, esto es sentirse vivo de verdad, sentir la adrenalina repartiéndose por todo tu cuerpo mientras ves el atardecer por el horizonte al que inocentemente intentas llegar a toda velocidad. Y aun sabiendo que no vas a llegar a él, ignoras esa idea y sigues acelerando al igual que tu corazón.


¿Lo has sentido?

Eso que sentías era el amor.

Así que déjame decirte que estoy enamorado de ti, que cada vez que te miro veo esa recta interminable que tan vivo me hace sentir. Cuando te miro y te toco es como si mi corazón segregase esa sustancia que hace que me funda con el viento y me sienta en paz conmigo mismo y con los demás. A tu lado nada importa, ya que tú eres mi vida y tú eres mi brújula, tú eres mi marca personal a la que quiero llegar a aspirar en esta vida. No sé tú, pero cuando aceleras tanto que ya no sabes ni frenar, mi única red de seguridad es sentir tu fina mano agarrando la mía, y te aseguro, que ni la muerte me puede asustar en ese instante en el que miro a mi lado y veo esos preciosos ojos castaños mirándome

con inocencia y preguntándome:

¿Y ahora qué?









ELLA

Siempre fui un desastre de mujer, creo que ni siquiera me debería permitir llamarme una. 

Se me me da mal hasta reconocer las cosas que hago bien. No sé tratar con las personas, cuando lo intento mi voz se convierte en un filo hilo que va perdiendo el equilibrio y mis piernas empiezan a asustarse. Otras veces estoy tan frustrada y asustada que mi voz se transforma en un gran monstruo de consistencia espesa y yo me siento en una esquina a esperar a que alguien venga a ayudarme. Los chicos siempre me han odiado, mis maneras poco “femeninas” o quizás por ser yo en general, siempre me hubiese gustado ser la chica bonita y despreocupada que la vida no para de hacerle regalos. Lo deseé tanto que me acabé enamorando de una. 

Quizás no pueda decir su nombre pero sí puedo describir a la perfección los oscilantes movimientos de su pelo que plancha cada mañana con esmero, o esa despreocupada trenza que cae cerca de su oreja. Sus claras aunque apagadas miradas que duelen más que una bala en el corazón. También puedo explicar esa forma tan especial en la que mi corazón sube a mi garganta y se ahoga cuando la veo.

Nunca podré entender cómo una simple persona puede hacer que mis piernas piensen que no sirven para andar o cómo las noches pueden ser tan oscuras a pesar de tener todas las luces encendidas. O hacer que unas estúpidas gotas de agua y proteínas variadas salgan con continuidad de mis lagrimales cada vez que pienso en ella.

Es un sentimiento tan desastroso y frustrante. Quizás no solo sea por el hecho de querer estar cerca de ella viendo como hace que la gente se gire y se quede mirándola, es porque es ella y soy yo, dos chicas que pertenecen a mundos totalmente diferentes. Cuando me tumbé en la cama y deseé que ojalá fuese un chico lo suficiente para que una mujer como ella se conformase. No es que quisiera ser un chico solo quería que ella me dedicase cuatro palabras que dicen dos tontos enamorados.

Es tan lamentable que una mujer pueda destruir todos los esquemas y resúmenes que tan minuciosamente había preparado para mi vida. No es justo, no es justo cómo se mueve, no es justo hablarme con esa voz, no es justo que me sonría con esos dientes torcidos pero que curiosamente la hacen brillar más de lo que hacía antes. No es justo, es horrible y a la vez estúpido la forma en la que me hace reír y que mi estómago se apriete contra mis costillas porque no me caben más mariposas. Es tan injusto y tan deplorable que le estoy escribiendo una carta suplicándole que cure a una pobre y miserable mujer de los peores errores del ser humano, enamorarse.

Es muy cobarde de mi parte pero me alegra haber vencido a mi vergüenza y poder haberle escrito una carta a pesar de que no le llegue.








Me (te) pido.


Me resulta gracioso que se celebre San Valentín cuando tenemos que querernos a dos metros de distancia y con mascarilla. 

Cuando una cosa tan minúscula como un virus nos está haciendo perder minutos de vida con la gente que queremos, cuando la situación nos obliga a vivir de recuerdos. 

Vivir, precisamente no recuerdo lo que era eso, no recuerdo lo que era volver un domingo de madrugada a casa y tener que sacar un pie de la cama para no sentirte en un viaje astral.

No recuerdo las comidas navideñas en casa de la abuela donde con cuatro chistes y una peluca te quedabas sin respirar de tanto reír.

Me duele haber perdido eso, haber perdido la sonrisa y tener que comunicarnos con los ojos.

Me jode, claro que me jode que haya tenido que pasar esto para darnos cuenta de lo corta que es la vida y de lo poco que la vivimos, que haya tenido que pasar esto para descubrir lo que es realmente echar de menos a una persona que vive en una comunidad distinta a la tuya.

Por eso me produce risa que se celebre San Valentín a dos metros de distancia, con mascarilla y viviendo de recuerdos, pero la vida vuelve a darte una lección y te enseña que el amor todo lo puede.

Que nos podemos querer por debajo de la mascarilla, a dos metros de distancia y podemos amarnos estando en distintas comunidades, que aunque no te vea los labios quiero seguir enamorándome de tus ojos achinados cuando sonríes.


Que aunque estemos a dos metros yo siento que se me para el mundo solo por tenerte de frente, incluso en una pantalla, a unos cuantos kilómetros de distancia.


Quiero decirme que esto me va a hacer más fuerte, que esto va a hacer más fuerte el amor, que nos volveremos a juntar y volveremos a bailar “It’s my life” a las 4:00 de la mañana cantándole a la Negrita y a tomarnos una caña en nuestro bar favorito, solo me (te) pido paciencia, que lo que hoy es amor a la distancia, mañana lo será más cerca que nunca.





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